Acercarse al mundo de Isabel Coixet siempre me ha resultado interesante y si es con la actriz Laia Costa todavía mucho más. Gracias a la película Un amor, basada en la novela homónima de Sara Mesa, hemos podido ver el reencuentro de Costa y Coixet. El primer trabajo que hicieron juntas fue la serie Foodie Love y en este segundo trabajo la historia de amor que se cuenta no tiene nada que ver con la serie que mezclaba el deseo sexual con la comida. La película Un amor de Isabel Coixet se presentó en la Sección Oficial del Festival de Cine de San Sebastián y ahí pude disfrutar de este trabajo tan especial. La cinta se estrenó el 10 de noviembre y en el Festival de Cine de San Sebastián ganó la Concha de Plata a la mejor interpretación de reparto y el premio Feroz Zinemaldia a la mejor película.
Coixet tiene una mirada muy especial a la hora de relatar los sentimientos y en esta película los afectos son bastante complejos. A pesar de que la historia no es original de la directora, ella se sintió tan identificada con el libro de Mesa que tuvo la necesidad de hacerlo película. Tengo que admitir que no he leído la novela de Sara Mesa, pero a pesar de ello, creo que Coixet se ha acercado a este texto con la intención de trabajarlo como si fuera suyo. Durante el Festival de Cine de San Sebastián, Coixet declaró a diversos medios que ella se sintió identificada con el personaje protagonista y eso fue la que la motivó para comenzar el proyecto de adaptación del texto y el rodaje. La historia de amor que cuenta en ella es compleja y aparentemente fría, pero Coixet hace que entiendas lo que sienten los personajes principales mediante escenas sutiles y centradas en el deseo. En la película se tratan temas complejos como el consentimiento, los prejuicios y el deseo sexual de manera sencilla.

Nat es traductora y decide dejar la ciudad para vivir en un pueblo. La casa que ha alquilado está en un estado bastante malo y su casero no quiere hacerse cargo de ninguna reparación. Tras una tormenta Nat ve que la casa está llena de goteras y que hay que arreglar el tejado. El dueño de la vivienda no le ayuda con la reparación y tiene que buscar alguna solución. Antes de encontrarla, su vecino Andreas se ofrece a arreglar las goteras a cambio de que se acueste con él. Nat duda mucho de esta proposición, pero finalmente accede.
La historia quiere crear conflicto en el público, ya que al ver la decisión de la protagonista podemos entender que es un trueque, pero en algún momento dudamos hasta qué punto esa relación es consentida. Coixet juega muy bien con eso y finalmente nos hace entender la decisión de Nat. En el encuentro sexual el consentimiento previo está claro y a partir de ahí la relación entre ellos va evolucionando poco a poco.
Coixet es especialista en rodar estas escenas de manera muy natural y es una de las cosas que más me gusta de ella. Durante el Festival de Cine de San Sebastián le preguntaron cómo hacía para rodar estas escenas de esa manera y la directora aclaró que la clave para ella es hablar con el elenco, explicar lo que se va a hacer y buscar la comodidad para todas las personas que van a participar en la escena. En los últimos años muchas producciones están usando cada vez más la figura de la coordinación de intimidad. Durante el festival, la directora Elena Martín Gimeno habló de la importancia de la coordinadora de intimidad que trabajó con ella en el rodaje de “Creatura”. No es la única directora que ha hecho uso de esta figura, series como “Selftape” o “El cuerpo en llamas” también han hecho uso de estas profesionales y varias actrices han dicho que han agradecido tener a las especialistas en plató. Coixet entiende esta figura, pero por el momento considera que no la necesita. Para esta película la directora preguntó a Laia Costa y Hovik Keuchkerian si querían una coordinación de intimidad y dijeron que no lo necesitaban. Coixet opina que desde la dirección hay que estar presente y hay que manejar una escena de estas características y cree que cuanto más se externalizan las cosas, menos control puede tener sobre su trabajo. Coixet ha preferido tener una conversación con el equipo para explicar qué es lo que quería hacer con las escenas de sexo y el elenco ha estado cómodo con ello. El resultado ha sido magnífico y creo que Coixet dijo algo muy importante en relación con la coordinación de intimidad. Ella lleva mucho tiempo haciendo cine desde una posición que respeta a las mujeres y a las actrices y creo que gracias a ello hace un cine tan respetuoso a la hora de rodar el sexo.
A parte de las escenas sexuales, la directora catalana ha querido mostrar las agresiones que sentimos las mujeres en nuestro día a día mediante la película. Estas agresiones las vemos mediante los diferentes vecinos del pueblo que se acercan a Nat. Todos la juzgan o quieren sacar provecho de ella de alguna u otra manera. Coixet indicó en el Festival que al sentirse tan identificada con la protagonista del libro de Mesa, quiso mostrar esas agresiones que ha sentido ella viviendo en una ciudad. La directora catalana habla de cómo la gente juzga a las mujeres por vivir solas. Todos los vecinos miran raro a la protagonista por estar sola en la casa y le preguntan si no siente miedo. Aunque no sintiera ese miedo, la sensación empieza a notarse debido a las preguntas de los vecinos. Nadie la deja tranquila y todo el mundo sabe lo que ella hace. La intimidad la ha perdido y todo el mundo sabe del trueque que ha hecho con Andreas.
Mientras veía la película a veces no entendía las decisiones de la protagonista y me costaba empatizar con ella, pero el momento en el que más he empatizado con Nat ha sido en los encuentros entre ella y una vecina que vive en la ciudad y va los fines de semana al pueblo. Esta mujer protagonizada por la actriz Ingrid García Jonsson nos muestra todo lo que no quiere ser Nat, una mujer en un matrimonio heterosexual aparentemente perfecto con hijas y embarazada. La vecina le muestra su vida como si fuera perfecta y como si fuera el camino a seguir. Nat no la soporta y en muchas escenas tiene ganas de gritarle y decirle que se calle, la misma sensación que tenía yo mientra veía la película.
Laia Costa hace un trabajo brillante durante toda la película y se nota la complicidad que hay entre la directora y la actriz. Costa ha indicado en varias entrevistas que la confianza con la directora es importante y ella se siente cuidada con Coixet. Esta relación entre actriz y directora es esencial para que la película tenga una personalidad muy especial y para que la historia de la protagonista reluzca. La directora catalana ha retratado de manera muy cruda una sensación de falta de intimidad, agobio y juicio constante que podemos encontrar en entornos pequeños. Rompe con la barrera entre lo público y lo privado y todo se considera común. El trabajo de Costa es muy importante para conseguir esto, ya que ella es diferente en casa cuando está tranquila que fuera de la casa cuando se siente juzgada por el pueblo.
Coixet siempre será una directora juzgada por cierta parte de la crítica y creo que con esta película va a tener adeptos y detractores. Yo me quedo en el grupo de las personas que adoramos su cine, aunque con algunas películas anteriores nos haya decepcionado. Ella sabe que no es perfecta y esta película tampoco tiene ese objetivo. A pesar de ello, es una película que me ha emocionado mucho y que te lleva poco a poco a conocer a una mujer atormentada por su pasado, que intenta vivir en el presente buscando un futuro que no sabe cual será. Es la vida de cada una mostrada de una manera muy sentida.