Durante el Festival de Cine de San Sebastián puede ocurrir de todo y algo que me gusta mucho es cuando las películas hablan entre ellas. Es lo que me ha pasado al ver tres historias de directores totalmente diferentes, pero que tienen algo en común, el respeto por la tierra. Estas tres películas se han presentado en la Sección Oficial, Perlak y Horizontes Latinos y abordan un derecho básico, poder vivir en la tierra que naciste y poder mantener la cultura y tradiciones.
Mediante ellas podemos hacer un viaje por la Cañada Real de Madrid, la comunidad indígena de Chuschagasta, en el norte de Argentina y el barrio barcelonés de Vallbona. Estas tres historias se cuentan desde los márgenes y con los protagonistas que viven en su tierra.
La película del director Guillermo Galoe «Cuidad sin sueño» nos lleva a la Cañada Real donde encontramos a unos niños que intentan sobrevivir en una zona de casas sin luz debido a una decisión política. Ellos son ajenos a lo que deciden los mayores, aunque les repercute en su vida. El director ha focalizado en ellos la visión de la historia para dar un testimonio que nos lleva a lo poético y que juega con el cambio de color de la imagen como si fuera un filtro del móvil de uno de ellos. La película estuvo en la Semana de la Crítica del Festival de Cannes y está en la sección Perlak del Festival de Cine de San Sebastián. La historia nos muestra como se intenta evacuar a los vecinos de la zona ofreciendo otras zonas para vivir. Mantenerse en el barrio es casi una lucha y resistir es algo complicado para algunos. El retrato que hace Galoe es duro, pero intenta llegar al corazón de los protagonistas mediante sus imágenes.

La directora argentina Lucrecia Martel ha apostado por el formato documental para mostrar lo ocurrido en el año 2009 en la comunidad indígena de Chuschagasta. Ese año unos hombres se acercaron al territorio y uno de ellos disparó a Javier Chocobar. Esa agresión fue grabada por parte de los atacantes, pero la justicia tardo casi 9 años en enjuiciar a los causantes. Martel muestra mediante fotografías que tienen guardadas en la comunidad, la historia de la misma. La directora argentina reflexiona sobre como se construye la idea de la propiedad y como fueron repartidas las tierras que fueron colonizadas. La película se presentó en el Festival de Venecia y en Donostia la hemos tenido en la sección Horizontes Latinos.

Por último, en la Sección Oficial hemos tenido «Historias del buen valle» de José Luis Guerín. Se ha convertido en una de mis películas favoritas a la par de «Maspalomas». Guerín se acerca a través de un documental bastante poético en el que pone la cámara a los vecinos del barrio de Vallbona en Barcelona. Guerín se acerca a la periferia de una ciudad en lo que más importa es la vida de cada vecino. Este barrio tiene varias fronteras, entre ellas el rio que hace que el barrio sea fértil y otras fronteras como la autopista y las vías del tren que hace que la vida sea más complicada en el barrio. Los vecinos ven ir y venir los trenes que llegan al centro de Barcelona, pero ellos ni siquiera tienen un pequeño apeadero que les permita subir a esos vagones. Guerín hace un retrato hermoso de la vida en barrio y muestra las diferentes familias y comunidades que viven ella. Vallbona es un pequeño oasis dentro de las infraestructuras que dan acceso a la gran ciudad, pero que vuelve a estar amenazado por las obras y las excavadoras.

Las problemáticas de estas regiones son diferentes, pero tienen un denominador común, los locales no pueden decir sobre sus tierras a pesar de llevar toda la vida en sus casas. Quienes toman esas decisiones son gente foránea que habla en nombre del progreso y el capitalismo. Mediante estas tres películas lo que se subraya es la importancia de la vida y hace pensar en que tendríamos que cambiar la mirada al pensar en el progreso y centrarnos en lo que de verdad importa.
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