La educación en transición – Las niñas

Hace mucho que no escribo por aquí y tengo que admitir que me hace mucha ilusión volver al blog con esta película de la que os voy a hablar. No está siendo una temporada fácil para el cine, ya que el parón del confinamiento y la falta de festivales durante meses ha sido negativa para la industria. La semana pasada se celebró el Festival de Málaga que tenía que haber sido en marzo. Que este festival se haya podido hacer es una señal de que todo está volviendo a una normalidad contenida. Estamos en temporada de festivales, Venecia ha comenzado, el de San Sebastián está a punto de llegar y eso tiene que ayudar a que la gente se anime a ir al cine. Las salas están haciendo un gran esfuerzo para que las sesiones sean seguras y lo mejor que podemos hacer, es ayudarles para que el cine siga adelante.

Una muy buena opción para ir al cine es ir a ver ‘Las niñas’ de Pilar Palomero, película que se pudo ver en la Berlinale de este año y que ha sido la ganadora del Festival de Málaga en la que consiguió la Biznaga de Oro, el premio a mejor fotografía y el premio Feroz. El primer largometraje de la directora zaragozana nos lleva a su ciudad natal en el año 1992, el mismo año de la Expo de Sevilla y las Olimpiadas en Barcelona. El país quería mostrar su ambiente moderno al exterior queriendo romper con el pasado de represión. Esta sociedad choca con una educación que se sigue dando en colegios católicos. Palomero nos ha querido llevar a esa sociedad desde la mirada de una niña, que podría haber sido ella.

Celia tiene 11 años y vive con su madre. Es una niña obediente que no se plantea las cosas, hasta que conoce a Brisa, una nueva compañera de clase que viene de Barcelona. Celia está siendo educada bajo la doctrina católica y escribe cartas a Jesus de las que Brisa se ríe. Entre ellas se intercambian gustos y la música les une. La película crea una nostalgia de un tiempo no tan lejano, pero al ver como las niñas dan vueltas a las cintas de casete con bolis, casi parece que ha pasado una eternidad de aquello.

La película se centra en una fase clave para todas las niñas, la adolescencia, ese tiempo de cambios en la manera de pensar y de búsqueda de la propia personalidad. Celia y Brisa se apoyan entre ellas, aunque lo que Celia necesita es entender su pasado que su madre le oculta. La relación entre Celia y su madre es compleja, la madre tiene que trabajar mucho y Celia pasa mucho tiempo sola en casa y es la responsable de que la comida esté hecha en muchas ocasiones.

Celia comienza a salir con sus amigas, empieza a ser “rebelde” y a romper con los mandatos del colegio y de su madre. Eso le crea conflictos y querer saber más sobre la realidad que le oculta su madre. En muchos momentos de la película quieres saber qué pasa tras la puerta que cierra la madre, entender que se dice en las conversaciones que tiene por teléfono. Una de la claves de esta película es lo que queda en lo que no se dice, en lo que está oculto. Palomino nos revela el secreto al final de la película pero poco a poco vamos sospechando que pasa.

La historia de Celia, puede ser la historia de cualquiera. La gente nacida a finales de los 80 y principios de los 90 se sentirá bastante reflejada en esta historia, aunque hayamos estudiado en un contexto diferente. Los 90 fueron años en los que la transgresión se topaba con la tradición. A día de hoy puede haber situaciones parecidas, pero tras la década de los 80 en la que se quiso romper con la tradición franquista, muchas cosas se mantuvieron y es lo que podemos ver en esta película. Las habladurías y el qué dirán también son importantes en esta historia, es algo que casi queda en segundo plano en muchas ocasiones, pero el sufrimiento de esta niña es la consecuencia de una sociedad retrograda.

Tras ver la película, salí emocionada por ese maravilloso final en el que la madre y la hija terminan entendiéndose. No sé decir si ésta es “la película española del año”, pero sí que creo que esta película va a dar mucho que hablar y puede marcar tendencia para otras historias de los 90. Creo que Pilar Palomino ha acertado mucho en cómo ha contado la historia y desde ahora quiero seguir el trabajo de la directora de Zaragoza.

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