Iratxe Fresneda: “Estamos llenando todo de imágenes basura y nos estamos olvidando de disfrutar de cada momento con esa incapacidad que tenemos para concentrarnos en vivir sin ‘ficcionarnos’ tanto.”

Iratxe Fresneda vuelve a la gran pantalla con “Lurralde Hotzak”, la segunda parte de su trilogía del registro. La película se pudo ver en el 56 Festival Internacional de cine de Gijón en el que tuvo una gran acogida y ahora llega su estreno oficial. El 31 de marzo estará en el Festival de Cine Español de Nantes y el 1 de abril se pre-estrenará en Tabakalera de Donostia gracias a Kresala Zinekluba. El estreno oficial será en el Museo de Bellas Artes de Bilbao el 4 de abril en el Festival Loraldia y el 3 de abril se podrá ver en la Escuela de Idiomas de Pamplona. La película también pasará por la competición del 25 FIJR de Granada el 2 de abril y el 25 de abril por el Riga Pasaules Film Festival de Letonia.

Tras la maravilla de “Irrintziaren Oihartzunak”, Fresneda nos regala un viaje a unas tierras frías que son abismo y belleza al mismo tiempo en “Lurralde Hotzak”. Este viaje que podremos ver en pantalla grande nos hace pequeños y nos hace reflexionar sobre la identidad y la obsesión por grabarlo todo.

He podido entrevistar a la directora acompañada de Txelu Medina, su compañero de viaje en la película y en la vida. 

¿Qué te llevo a buscar esa luz del norte?

Viene de los estudios de muchos años y está vinculado a mi formación audiovisual. Empecé a investigar esa luz del norte o esa forma de trabajar el cine que tienen en Escandinavia y lo hice a través de la obra de Lars von Trier. Eso me llevo a viajar muchas veces hacia allí, hacia ‘la luz’ que hay en el fondo de esas películas. Y eso es lo que en un momento dado me lleva a utilizar la luz del norte, casi como metáfora de esas sociedades, de esa manera de ver la vida, de ver el cine. Fui tras eso, fui detrás de cómo miran el mundo y cómo lo retratan.

Es una película que tiene una forma muy diferente, porque viajas a través de la arquitectura, paisajes y también tiene toques muy personales. ¿Cómo abordas hacer un trabajo tan complejo?

El trabajo era muy complejo a la hora de plantearlo y de llevarlo acabo. Es como una de esas cosas que dices, como es imposible, lo voy a hacer y es lo que hice. Una vez que las películas están en mi cabeza tengo una historia que contar y tengo unos motivos que han salido de años de investigación, de cosas que he visto, de cuadernos de notas.

Son bocetos en cuadernos, en formato audiovisual, en estudios, en pensamientos y todo eso al final va adquiriendo poco a poco la forma de película. Tenía muy clara la película, pero lo que había detrás era un concepto muy complicado de llevar a cabo mediante el cine. La película habla de las imágenes, de ese absolutismo audiovisual que nos rodea, el exceso de imágenes basura que al final no nos dejan ni ver la imagen misma. Lo tenía que traducir de una manera más o menos asequible y tener una excusa, un hilo narrativo y eso fue el formato de road movie. Eso me llevó a generar un hilo narrativo, audiovisual, de pensamiento, de viaje, y el movimiento en si que es la road movie posibilitó traducir esta complejidad que hay dentro de “Lurralde Hotzak”, porque hay muchas historias y muchos conceptos. Pero, sobre todo, lo que quería hacer era crear un artefacto libre, no convencional, no quería marcar una línea narrativa exacta, aunque a mi me encanta cuando otras películas me la marcan, pero a veces me gusta que me dejen muchísima libertad para moverme por la película. Como si estuviese viva todavía. Yo quería que la película se mantuviera así, que tuviese esa vida y que cada espectador y espectadora al mirar la película escogiese sus propios caminos, se hiciera sus propias preguntas, le llevara a llegar a otros lugares o hacerse otro tipo de preguntas, que no se cerrara todo. Estamos acostumbrados a cerrar las historias de una manera muy compacta, sin dejarnos libertad. Yo quería huir de eso, algo que también hice en “Irrintziaren Oihartzunak” pero, en ese caso, la película tenía un fin muy concreto y era un poco más ‘narrativa’. 

Uno de los sitios que más me impactó de tu película es los Mallos de Riglos en Huesca y esos cadáveres. Entiendo que eran de la Guerra Civil, ¿Qué supone esa localización en la película?

Son de la Guerra Civil y es por eso que menciono a Rithy Panh o a las mujeres desaparecidas de Ciudad Juarez (Mexico). Hay un libro muy interesante, “Huesos en el desierto” que habla del feminicidio de Ciudad Juárez. Para mí hay unos nexos de unión entre todos estos lugares. Los Mallos de Riglos son espectaculares y la gente va de vacaciones, saca fotos alucinantes y las cuelga en Instagram. Pero, ¿Qué hay detrás de esa belleza? ¿Qué se esconde detrás de las fotografías que realizamos? Esta es una de las reflexiones que me planteo, también esa búsqueda y mostrar lo que hay detrás de las imágenes.

En la película no estás buscando la belleza. En el caso de Berlín, enseñas lo que nadie quiere ver. Ese Berlín por el que reflexionas y que te gusta en invierno. ¿Por qué en invierno?

La vida me ha llevado a viajar a Berlín siempre en invierno, las casualidades, viajes vinculados al trabajo, a la Berlinale o las presentaciones de películas. También he ido en invierno a todos los países escandinavos, en mi imaginario su esencia está ahí, en el invierno. La imagen icónica y real que tenemos de Escandinavia es en invierno. Ese invierno evoca el frío, la falta de protección, que es lo que pasa en muchos barrios obreros de Berlín.

En Berlín se ven cosas muy duras (como en todas las grandes urbes). Por ejemplo, una de las cosas que quitamos de la voz en off fue como un día que salíamos de una proyección nos encontramos una chica en el suelo entre dos coches, pinchándose, enfrente de nuestro hotel de barrio. Una de las cosas que más llama la atención es que vas a la puerta de Brandemburgo y no ves ni un chicle en ninguna esquina y en cambio, vas a Neukölln y está lleno de basura, hemos visto hasta inodoros en medio de la acera. Las grandes ciudades están llenas de contrastes. Berlín no solo es el Sony Center, o los museos. Berlín es para perderse por sus calles y está lleno de historias y de gente increíble. A mi me hubiese gustado navegar por esas personas, pero mis presupuestos son limitados.

Después de Berlín saltas a Escandinavia y ese puente tan icónico entre Suecia y Dinamarca, tu lo enseñas en el viaje en el tren.

Exacto, porque es como yo lo realizo y como lo he visto siempre en mis viajes. Siempre he montado en ese tren sola para cruzar el puente. Me ha pasado de todo en ese tren y tiene muchos significados para mí. Me han interrogando para poder comprobar si mi pasaporte realmente me pertenecía. Hablándome en castellano me preguntaron quién era, aquello fue bastante surrealista. He visto muchas cosas en ese tren.

En el transporte público vivo muchas cosas y es donde también sigues con ese apego a la realidad.

Y luego llegas a Lars Von Trier.

Si porque ese puente que une Malmö y Copenhague también tiene que ver con Lars Von Trier y con la serie “Bron / Broen”. “Bron” significa puente y también hace alusión al puente que genero yo entre Euskadi y Escandinavia. Suelo ir a trabajar a la universidad de Lund que está muy cerca de Malmö, en Suecia. 

Y lo plasmas en la película…

Sí, porque forma parte de esas tierras frías, de ese cine duro, de esos mundos de controversia que él retrata y de esa cinematografía que genera cierto rechazo en un gran número de espectadores. Para mi también forma parte de eso que hablo, en Lurralde Hotzak, de un cine que ya empieza a dejarse de hacer. El suyo es un cine muy personal, de autor, de riesgo, totalmente libre.

Cada vez que Lars Von Trier saca algo es polémica

También es un juego de marketing del que ellos sacan provecho y me parece totalmente lícito. Siempre dan la vuelta a todas las polémicas que hay en torno a él. Es una persona bastante tímida, no tiene don de gentes a la hora de ponerse delante de los medios de comunicación y suele ser bastante… Pero luego en las distancias cortas, la gente le aprecia. Como director es una persona muy compleja, creo que es uno de los genios del siglo XX, un genio atormentado.

De ahí saltamos a Islandia, a pasar más frío.

Tiene que ver con algún viaje de trabajo y es el origen mismo de esta película. Realizamos un viaje en invierno en el que cogimos bocetos, estuvimos los dos solos trabajando allí. Una de las imágenes que captamos y la sensación que tuvimos fue, lo imprevisible del clima, como condiciona la vida, como condiciona el mundo y lo pequeños que nos sentimos en aquel momento. Realmente aquellas eran las tierras del frio, nos dijimos “¿cómo la gente puede vivir en estas condiciones?, ¿qué sentido tiene esto?” Esa idea romántica de la imposibilidad de controlar las fuerzas de la naturaleza y al mismo tiempo, pensar: ‘que bello es esto’. Como te atrapa ese abismo. Tiene mucho que ver con el termino “uncanny”. A pesar de que se que en lo que me estoy metiendo es turbulento y oscuro, tiene belleza y atractivo.

La película tenía que terminar ahí por esa vinculación que tiene con la vida y la ficción. Estamos demasiado enfrascados en el trabajo, en los viajes, en estas redes sociales de ficción y estamos dejando de lado la vida.

Haces un contraste entre Reikiavik y el resto del paisaje.

Fuimos a una isla al sur de Islandia, era el aislamiento total. En esta isla había una zona portuaria pero después no había población, lo que había ahí era un viento que nos movía hasta las cámaras. Era casi imposible rodar, todo se movía. La pregunta que me hacía ahí era, ¿Cómo retrato esto? que fuerza tiene la naturaleza que me impide seguir adelante con lo que quiero hacer.

Me gusta una reflexión que haces con imágenes de Berlín que hablas sobre el Big Data y dices que en el Big Data podemos encontrar nuestra identidad. ¿Quiénes somos, esa persona que el Big Data conoce o se equivoca?

Creo que se equivoca y ahí es donde queda ese hueco para la libertad, el otro día un amigo historiador me decía: “¿Sabes que los algoritmos de Facebook están haciéndome invitaciones para entrar en grupos de Vox? No podrían estar más equivocados”. ¿Por qué sucede esto? El Big Data se puede equivocar o se puede manipular. Es interesante, es una especie de puerta que se puede dejar abierta, es un poco de esperanza ante estas ideas tan apocalípticas de que el Big Data nos va a comer, rodeados de absolutismo audiovisual y de las redes sociales.

Me gusta mucho la frase que dices que lo más revolucionario es no grabar.

Hoy en día todo se retrata, como nos estamos tomando este café ahora mismo, donde estamos, con quién estoy, etc. Volvemos al inicio de la entrevista y la gestación de esta película que habla de porque estamos tan pendientes de retratarlo y grabarlo todo y no vivimos. Estamos llenando todo de imágenes basura y nos estamos olvidando de disfrutar de cada momento con esa incapacidad que tenemos para concentrarnos en vivir sin ‘ficcionarnos’ tanto.

Pero lo cuentas desde una película que se ha rodado y que necesita unas imágenes grabadas.

Hay muchas cosas que vosotras y vosotros no vais a ver. Ni de lo que se ha rodado, ni de lo que se ha vivido. Porque hay que hacer una selección y hay unos momentos que son para mostrar de forma profesional, porque tienen que ver con un trabajo y otra cosa es mi vida privada, lo que yo he vivido. Durante ese rodaje han ocurrido cosas maravillosas que tienen que ver con nuestra intimidad, con lo que se ha vivido en los rodajes, con intra-historias que también son interesantes. Pero estamos obsesionados con que tiene que todo tiene que ser visible y público. Todo y a todo momento. Una cosa es hacer una película y otra cosa es que en cualquier situación todo deba que ser fotografiado y registrado hasta el absurdo.

Esta película la pudiste presentar en el Festival de Gijón, ¿qué tal fue la experiencia?

Pues fue una pasada y algo inesperado. Hace años solía ir al Festival Gijón, pero como un proceso casi de formación. Gijón siempre ha programado muy bien, ha sido muy vanguardista, ahí hemos conocido a Jim Jarmusch, a Kaurismäki, cuando en el estado español apenas se hablaba de ellos. Para mi ha sido un centro de formación audiovisual y de historia del cine. Entonces, que les gustara la película y desde el primer momento tardaran tan poco en decir que querían la película, para mi fue la sorpresa y algo muy emocionante. Tenía otras dos propuestas estupendas para pasar la película, pero me decanté por Gijón, porque es muy buen festival, miman mucho todo lo que llevan y fueron los primeros en quererla.

Cuando fuimos a Gijón tuvimos dos pases. Cuando estaba allí pensaba que no iba a ir nadie a ver una película underground, en euskera y realizada por una mujer desconocida. El primer pase fue un jueves, tarde, a las 22:00 y estaba más destinado a la prensa. Un individuo (que todavía no se quién es y al que estoy infinitamente agradecida) levantó la mano y dijo “esto es impresionante, por favor haz lo que sea para llevarlo a los cines, el público merece una oportunidad” y empezó a hablar de la película y nos dimos cuenta que este señor era un espectador muy avanzado, sabía mucho de distribución y me dijo que le gustaría ver el texto publicado, ya que le parecía muy poético y maravilloso. Al día siguiente la sala estaba llena. El señor volvió a verla y trajo a doce personas con el. Fue muy emocionante, había gente que venía de la universidad de Oviedo, que levantaba la mano para hablar, que me vino a abrazar y que me agradeció la película. Una ex alumna mía apareció allí también. La prensa hizo críticas estupendas, entre ellos Cineuropa, Cinemaldito y Elcinepormontera.

A la vuelta supimos que ETB había entrado en la coproducción y que la emitiría por la televisión.

Todavía no sé cómo se ha podido hacer, esto es un milagro (risas).

Yo diría que por el trabajo y ganas que habéis puesto.

Por mi trabajo y por el de Txelu también. Él me ha apoyado, ha sido el que ha estado grabando sonido a mi lado. En Suecia estuve sola, pero él se ha responsabilizado del sonido en diferentes lugares y ha hecho gran parte de la producción.

¿Cuánto tiempo de rodaje has tenido?

Bastante, empecé a bocetar la primera vez que fui a Suecia, también boceté imágenes en Copenhague, cosas que queríamos haber grabado, pero que tuvimos que cambiar. Fíjate que cosas tiene la vida que hemos añadido el atrezo de Lars von Trier porque el parque Tivoli de Copenhague estaba cerrado.

He realizado bocetos durante los últimos cuatro años, antes de que hiciera “Irrintziaren Oihartzunak”. Voy trabajando con todas a la vez. Comenzamos a grabar estas imágenes en junio o julio de 2017 y las últimas están grabadas aproximadamente en febrero de 2018, en Artaun.

Se nota que está hecho con mucho cariño y que crees en el proyecto.

Tenía muy claras las ideas. Me ayudo que fuera el planteamiento de una mujer sola viajando, me facilito todo el proceso. Esas imágenes no las hubiera podido tomar con un equipo, hubiese tomado otras, pero no hubieran sido esas imágenes y no hubiesen ido en consonancia con la esencia del proyecto. Tenía que ser así y eso nos ha ayudado a que con un mínimo presupuesto se pudiese realizar.

Cuando rodabas “Lurralde Hotzak” presentabas “Irrintziaren Oihartzunak” allá donde iba.

Ya va sola, aunque voy a la mayoría de los pases a presentar la película y el público responde muy bien. “Irrintziaren Oihartzunak” sigue su camino. En diciembre estuvo en la Filmoteca de Cantabria y en marzo en Ecuador. Lo que queremos es que esa película se vea, sobre todo en pantalla grande.

Es mi pequeña batalla, que la gente vuelva al cine y se olvide de estos dispositivos pequeños que nos despistan, podemos estar mirando una película y estar haciendo millones de cosas y pierdes el hilo, la concentración. Los cines posibilitan que entremos en las historias y eso no te lo da un dispositivo móvil, ni siquiera la televisión, porque te pueden tocar el timbre, suena el teléfono o te levantas a por un café. Además, si la película está concebida para ser vista en los cines en pantalla grande, es la forma respetuosa de verla.

¿Mirentxu Loyarte cómo está? ¿Apareció su premio?

Ella está estupenda. El premio aún no ha aparecido, alguien lo tiene bien guardado y no sabemos quien es y tampoco donde está (risas). Aparecerá algún día, lo veremos. Hace poco he sido comisaria de una programación del centro Azkuna que se llama “Bideotik, Trayectorias” y he unido las historias de diferentes mujeres. Programé “Elvira Cruz”, de Ana Diez que es increíble y que se ha visto muy poco. Mercedes Álvarez estuvo con “El cielo gira”, otra película en la que nadie creía y que después fue a Rotterdam y ganó el Tiger Award. Mirentxu Loyarte estuvo junto a Bego Vicario y Estibaliz Sádaba con su película “Irrintzi” presentándola y hablando de lo que ella piensa, del feminismo, de cine… La ballena está en el mar y activa. Ahora solamente hace falta que la gente le siga llamando, porque tiene cosas que contar, su experiencia y sus vivencias. Es una mujer muy interesante.

Si esto es una trilogía, ¿la tercera parte está en marcha?

Sí, es parte de la trilogía del registro de la imagen y se va a llamar “Tetuán/Begiak”. Es una especie de cruce de dos historias. Estamos preparando el guion, algunas posibles localizaciones y sondeando parte del equipo. Es un proyecto que requiere más financiación, algo de coproducción, que hemos ido a buscar coproducción a la Berlinale y se van a cruzar historias que tienen que ver con el registro de la memoria, con las imágenes, con los relatos que inventamos, con los recuerdos y por otra parte tiene que ver con la vida presente de personas migrantes. Va a ser una mezcla entre ficción y documental. Es un proyecto complejo y muy emocionante. Esta vez, nos vamos a ir a rodar al sur, va a ser un rodaje entre el sur y Euskadi. Vamos a partir de lo intimo, de las vivencias de personas comunes, de esos héroes y heroínas del día a día.

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